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Las primeras referencias a Estocolmo, una de las capitales europeas más espectaculares, datan del siglo XIII. Convertida, desde su nacimiento, en la ciudad sueca de referencia, se estableció como capital del reino en el siglo XV. Desde esa fecha siempre ha acogido a los mandatarios y dirigentes del país.
Las primeras ocasiones en las que el nombre de Estocolmo aparece recogido en documentos escritos, provienen de la mitad del siglo XIII, concretamente de 1252. En aquel momento, por ese nombre sólo se conocía a la pequeña isla de Gasla Stan, que hoy forma parte del amplio término municipal de la capital sueca.
El fundador de la ciudad fue Birger Jarl, un noble sueco que prestaba servicios a los reyes, fundamentalmente en actividades militares, lo que le granjeó unos buenos dividendos y posiciones de privilegio. El objetivo de Birger Jarl era establecer una ciudad fortificada que sirviera de primer punto de defensa ante las posibles invasiones. Además pretendía reducir en gran medida los pillajes que sufrían otras poblaciones como Sigtuna.
Rápido crecimiento
La ciudad de Estocolmo prosperó muy rápidamente debido a su privilegiada posición. Enseguida estableció lazos comerciales con muy diversos puntos de Europa, convertida en el punto de entrada a Suecia de todas las mercancías del exterior, así como en el punto de franqueo de todos los productos que el país podía exportar.
En apenas 30 años pasa a ser la ciudad más grande de Suecia, incluida ya en la Liga Hanseática y viviendo un gran apogeo bajo el mandato de Magnus Ladulás. Los diversos documentos de la época, hablan ya de una verdadera ciudad antes de entrar en el siglo XIV, lo que puede dar una idea de su vertiginosa velocidad de crecimiento.
La nueva capital de Suecia
Todo ese crecimiento y su destacada posición geográfica y económica en la región, llevan definitivamente a Estocolmo a establecerse como la capital de Suecia en el año 1419. A partir de ese momento toda la vida administrativa y política del país pasa a centralizarse oficialmente en la ciudad, a pesar de que llevaba tiempo ejerciendo una dirección de facto. Es entonces cuando las complicadas relaciones entre daneses y suecos pasan a canalizarse por Estocolmo.
Los enfrentamientos son numerosos y las batallas destacadas y de gran virulencia, en especial la conocida como la batalla de Brukenberg, ganada por Sten Sture el Viejo contra el Rey de Dinamarca, Cristian I.
La revancha de los daneses, llegó unos años más tarde, de la mano de Cristian II, responsable del llamado Baño de Sangre de Estocolmo, que tuvo lugar en 1520 y que acabaría, de una vez por todas, con la Unión de Kalmar, nombre que recibían los acuerdos entre daneses y suecos.
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