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Estocolmo es una ciudad que no deja indiferente. Al poner pie en ella, al caminar por sus calles o al despedirse, el viajero tiene la sensación de estar ante una de los lugares más bellos creados por el ser humano. Por si eso no fuera bastante, tres enclaves de lujo, terminan de convencernos de lo grandioso de la visita.
La capital sueca tiene un más que merecido reconocimiento dentro de las ciudades europeas con mejor gusto artístico y cultural. A la bien conocida tradición nórdica por todo lo que conlleve conocimiento, diseño y calidad, se unen enclaves con una importante carga histórica que terminan de conformar un conglomerado digno de los paladares más exquisitos.
El bosque cementerio, el Palacio de Drottningholm y el Pueblo de Birka, los tres reconocidos como patrimonio de la humanidad por la Unesco, son tan solo tres muestras más de lo mucho que tiene que ofrecer Estocolmo.
El inevitable legado vikingo
Toda la tradición e historia de los países nórdicos, se asienta sobre unas sólidas raíces vikingas. Este legado se puede encontrar en multitud de rincones de Suecia. Poblados, asentamientos, cerámica, escultura y arte, son muestras de la cultura vikinga. Algo de lo que Estocolmo también presume, a pesar de no perder su aire de modernidad.
En las afueras de la ciudad, en un pedazo de tierra sólo accesible en barco, se encuentra el Pueblo de Birka, un asentamiento vikingo que data del siglo VIII. Este era un más que destacado centro comercial de la época, convertido un puerto de salida y destino para múltiples embarcaciones, tanto locales como venidas de muy lejos.
El pueblo se encuentra en la isla de Björkö, en el lago Mälaren, y se puede visitar en alguno de los numerosos viajes organizados que salen de Estocolmo a diario. La visita por los cuidados restos del poblado nos ofrece la posibilidad de conocer algo más del mito de los vikingos.
La distinción palaciega y la magia del paisaje
El Palacio de Drottningholm es la actual residencia de la familia real sueca. Este solo hecho ya nos puede dar una idea de la magnitud de la belleza de la edificación y los adornos. Mundialmente conocido por su teatro y sus jardines, podemos estar seguros de que su sobrenombre de el “Versalles del Norte” es más que merecido.
El Palacio se puede visitar y resulta fácil llegar hasta él utilizando alguna de las líneas de metro o autobús que llevan justo antes sus puertas. Una bonita oportunidad de embriagarse con el aroma clásico de la elegancia y la distinción palaciega.
El Bosque Cementerio, por su parte, apela a otro tipo de distinción. Su influjo emana de la belleza natural y paisajística, como un perfume moderrnista y arriesgado que fuera transportando a un incierto mundo. La belleza de lo trágico podría ser, el encanto de un paraje lleno de magia, con seguridad.
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